Mi cuento de Adviento islandés

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Vieja cabaña de pastores en Jökulsá á Fjöllum, Islandia. En una pared de madera que la parte en dos, viajeros de todos los tiempos han grabado sus nombres y fechas de viaje. (foto Sigurjón Petersson)

Hace un tiempo dijeron que yo era “un enamorado de la literatura nórdica”. Es posible. Sí lo soy de un pequeño libro, “Adviento en la montaña”, del escritor islandés Gunnar Gunnarsson, que la benemérita editorial Encuentro publicó el año pasado por primera vez en castellano (Skúli Björn Gunnarsson, descendiente del escritor, me dice que acaban de salir las ediciones en italiano, holandés, noruego y árabe, y añade: “Benedikt sigue caminando por el ancho mundo”). Tuve el honor de presentar la edición castellana, y supe entonces que el padrino de la criatura era nada menos que José Jiménez Lozano. Lo que sigue son unas reflexiones sobre esta deliciosa obra que nos llega de la que es quizá la tierra más nórdica, Islandia. El ameno lector encontrará al final el link de la presentación y el del concierto de la mezzosoprano islandesa Gudrún Ólafsdóttir.

Se dice que todo periodista lleva un libro en su mochila. Yo no lo he escrito todavía, lo que sí he hecho es leer bastante. Una buena amiga mía y de Ediciones Encuentro es la que me ha implicado para que hable de este libro. Cuando me explicaron el trayecto que llevó a la edición en español de “Adviento en la montaña”, no me dijeron quién había sido la persona que había aconsejado que se publicara, y me quedé con mucha curiosidad. Saber que ha sido Jiménez Lozano es una garantía, me gusta muchísimo lo que escribe y que él aconseje un libro es muy buena señal.

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Me parece que es un libro precioso. Me llama la atención que es un libro que se llama cuento de Adviento. Yo nunca había oído hablar de cuentos de Adviento, siempre he oído hablar de cuentos de Navidad, Dickens y todas estas cosas, es la primera vez que oigo hablar de un cuento de Adviento. En el prólogo, escrito también por un  intelectual y escritor islandés, se habla de tres libros, de tres historias en las que lo importante no es la historia en sí, sino como está contada. Estos tres libros son “Pan” de Knut Hamsun, “Muerte en Venecia”, de Thomas Mann, y “El viejo y el mar”, de Hemingway. Y también se dice que es posible Hemingway se inspirara en “Cuento de Adviento”, o” Adviento en la Montaña”, o “El buen pastor”, como lo queramos llamar, para su historia de “El viejo y el mar”.

Es posible, pero veo que es muy distinto, es muy distinto porque “El viejo y el mar” -como muchas cosas de Hemingway- acaba mal, los tiburones se comen el marlín, aquel enorme pescado que ha conseguido pescar, y todo acaba en una especie de frustración, este hombre ha luchado muchísimo y luego no consigue nada. El libro del que estamos hablando es todo lo contrario. El protagonista, Benedikt, consigue su misión, logra recoger las ovejas, y después, con ayuda de otros, las trae al pueblo. O sea que acaba bien.

Este libro me recuerda más, me inspiraría más, compararlo con un francés, de Jean Giono, “El hombre que plantaba árboles”, que no es muy conocido. Jean Giono lo conoceréis seguramente porque es el que escribió “El húsar en el tejado”, aquella historia en el siglo XIX durante una epidemia de cólera en Francia, que hay un soldado italiano que va huyendo a través de la epidemia. De este libro se hizo una bonita película. Quizá no os acordaréis, pero Selecciones del Readers Digest publicaba en cada número un artículo que era algo así como “La persona que nunca olvidaré”. Una vez encargaron a Jean Giono que escribiera algo así. Y escribió “El hombre que plantaba árboles”. Una historia en la Segunda Guerra Mundial, en la Provenza francesa, en una zona desolada, árida, sin árboles. Hay una persona que vive allí y que se dedica todos los días a plantar semillas de árboles. Los árboles crecen, aquello deja de ser una zona árida y empieza a llover, vuelve la gente a los pueblos abandonados, los animales vuelven a vivir allí. Bien. Una historia muy bonita, sobre la que se hizo una película de dibujos animados, la hizo el canadiense Frédéric Back, esta película fue Oscar de dibujos animados 1987. Lo que le pasó a Jean Giono es que los de Readers Digest, cuando recibieron el cuento, dijeron que estupendo, qué cosa más maravillosa. Pero luego descubrieron que era todo inventado, y se enfadaron muchísimo: ¿cómo, usted nos ha escrito una cosa inventada? Pero a un escritor, lo que tienes que hacer es comprender que se inventa las cosas, si no, será periodista, no será escritor. Los dibujos que salen en el libro “Adviento en la montaña”, que son de un descendiente de Gunnarsson, se parecen mucho a los de ese corto “El hombre que plantaba árboles”, porque son así, con trazos de lápiz. Otro relato que me recuerda “Adviento en la montaña” es “El festín de Babette”. Lo conocéis, Karen Blixen, la película de Gabriel Axel de 1987, que también ha sido Oscar.

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Ahora hablaría un poco del personaje del libro. ¿Quién es este personaje? Sólo sabemos que se llama Benedikt. Su apellido no lo conocemos, no interesa. Tiene 54 años. Ha hecho 27 veces esta excursión, esta aventura -porque es una aventura, la de ir a buscar ovejas perdidas. La historia consiste en las ovejas que en verano los pastores no han podido recoger y se han quedado perdidas en el monte, Benedikt las va a buscar, las recupera y las salva antes de que lleguen los grandes fríos. Lo hace todos los años, lo ha hecho 27 veces.

Benedikt piensa que se está haciendo viejo. Es una persona que no es ni rico ni pobre. Trabaja para otros, pero tiene una cabaña. Tiene ovejas, unas pocas. Y tiene un caballo. Y sobre todo tiene dos amigos, que son un perro, que se llama León porque él dice que es “el papa de los perros”, porque es un  perro listísimo, y luego un carnero, un carnero, que se llama Recio, porque tiene mucha resistencia. Y en adviento, Benedikt hace siempre estas salidas a la montaña con estos dos amigos, con el perro y el carnero. Por eso, las personas que les conocen les llaman “la trinidad”.

Por lo que se dice en el libro, Benedikt es un hombre común y corriente, en verano está a sueldo en la granja en que vive, y en invierno cuida las ovejas a cambio de comida y ropa. Él dice, en el fondo soy libre poco tiempo, soy libre en primavera, en otoño, y en estas salidas que hace en adviento. Solo en esas ocasiones es algo así como su propio dueño. Está contento así. No quiere ser mucho más, dice que ya ha superado esa etapa. Sí, antes hubo tiempos en los que soñaba lograr más riqueza, vivir con más comodidad, pero que eso lo ha superado. Y que esta madurez le ha hecho más hombre.

Se define como un hombre que hace las cosas procurando hacerlas bien, y que no es perfectísimo, pero bueno, ahí estamos. Sus sueños han pasado y ahora casi se ha convertido en un hombre. No piensa que su viaje, ni lo que está haciendo sea importante. Y  en el fondo, dice: yo ¿quién soy? soy solo una sombra en el paisaje. Lo dice en una escena muy bonita, está cayendo el sol, está con el perro y con el carnero, van andando y entonces, el sol bajo -estamos en invierno- va dejando una sombra alargada, él dice: soy una sombra alargada. No es un hombre retraído, pero las conversaciones banales le molestan, le producen un gran hastío. Y, como parte del equipaje, lleva unas canciones.

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Tormentas, nieve y camino al raso,

Endurecen las piernas y suavizan el paso.

Quien a menudo a cubierto duerme,

Ve como su vida en vano pierde.

 

 

 

Es bonito. Luego hay otra, más jocosa:

 Sobre mi tumba desde el barril

Déjalo correr sin temor,

Que ya mis huesos piden sentir

Del brandi su amargo sabor.

Y después:

Camina con reposo y con sosiego

Apresúrate firme, pero sin miedo.

Siempre tras la noche llegan los albores

y pronto desaparecen recelos y temores.

 

Aprovecho para elogiar la traducción de Teodoro Manrique Antón: aunque no conozco el islandés, pienso que esta versión al castellano -como se dice en italiano- “scorre molto bene”, suena muy bien.

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La historia en sí misma es una historia banal, una historia de aventuras. Pero tiene un fondo serio. Porque hay una ideología de vida detrás de este libro. Y el pensamiento de Benedikt es que toda vida es un sacrificio, pero sólo si es vivida de la manera adecuada. Y este es el enigma.

“¿No era toda vida un sacrificio? Claro, pero sólo si es vivida de la manera adecuada. ¿No está ahí el enigma, en el hecho de que la fuerza creadora viene de dentro, de la negación de uno mismo, y en el de que toda vida que no es sacrificio no es más que una forma de injusticia que nos aboca a la destrucción?”

La vida de un hombre es servicio aunque imperfecto, y todo se basa en la esperanza, se justifica por la esperanza de que las cosas van a mejorar, que hay un futuro, y hay que prepararlo, y hay el convencimiento de que algo bueno tiene que llegar. Y esto es lo que se llama el Adviento. Y eso aunque la gente no lo comprenda, porque hay un granjero que no entiende por qué Benedikt se va al monte, jugándose la vida para salvar unas ovejas que tampoco son suyas. Lo hace por otras personas, porque luego las ovejas van a su dueño, no a él.

Otra idea muy bonita: no hay nada demasiado pequeño en el mundo que no pueda prestar un servicio, ni nada tan miserable que no pueda ser consagrado por medio del servicio. En el fondo de todo el libro está la idea de servicio.

Y no se queda en una visión pesimista: bueno, en realidad hacemos muy poco…. Sino que dice: lo que está haciendo Benedikt es una gran hazaña: Bendikt y sus amigos León y Recio “pronto se van a despertar para realizar hazañas reservadas sólo a los elegidos, proezas que sólo ellos podrían completar y a las que sólo ellos estaban destinados. Quizás no fuesen tan insignificantes como pensaban. ¿Eran acaso los eslabones de un plan superior? Sobre sus cabezas las estrellas mantenían el cómputo del tiempo y seguían su camino”.

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Acaba la historia, pero no sin antes se sucedan una serie de aventuras. Benedikt tenía previsto estar solo una semana, pero un granjero le pide que le ayude a recoger sus ovejas, otro que le ayude a buscar sus caballos, y al final, en vez de una, Benedikt se pasa cuatro. El viaje dura todo el Adviento. Ni siquiera consigue pasar la Navidad en su casa, tiene que quedarse en el monte. Recoge todas las ovejas, pero está muy cansado y las deja al cuidado de Recio, y por fin vuelve al pueblo.

Su misión la termina otro Benedikt, un chico joven, “altivo y con la mirada fija”, hijo de amigos suyos, que al saber sus aventuras, va a buscarlo con otros, coge las ovejas y las trae. Y así acaba el libro. Benedikt no sólo ha hecho su misión, su servicio, sino que lo ha hecho del mejor modo posible: “Y con esto llegó a su fin esta singular salida de Adviento. Benedikt había llevado a cabo el servicio de la mejor manera posible y por fin había regresado al mundo de los hombres. Por lo menos durante un tiempo todavía.”

“Adviento en la montaña”. Gunnar Gunnarsson. Ediciones Encuentro. Madrid, 2015. Todas las ilustraciones son de Gunnar Gunnarsson junior (el artista de la familia).

Link del concierto de Gudrun Olafsdottir: https://www.youtube.com/watch?v=4-AQ645rubE

Link de la presentación: https://www.youtube.com/watch?v=iwosQN1ancs

Miguel Castellví

Adviento 2016

 

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